Querer a los pingüinos

Del libro BIEN LIMPIO

Yotu y Lina esperan que llegue Nico. Pasa el rato y Nico no llega. Mientras, Yotu se da cuenta de que Bip no está, abre el libro y junto a Lina lo buscan página por página.

Pero no lo encuentran.

Cuando llega Nico, le explican que han perdido a Bip. Nico, descubre unas huellas negras en el suelo, ¿podrían ser las pisadas de Bip? pero ¿por qué son negras?

Siguen el rastro hasta encontrar a Bip, sucio y mareado, sentado en un rincón. Nico y Lina lo lavan bien hasta dejarlo muy limpio, mientras Yotu abre el libro de los pingüinos por entender qué ha pasado.

Resulta que un barco cargado de pintura se ha roto y ha manchado el mar y la costa donde viven los pingüinos. Entonces Nico borra la suciedad con una goma mientras Lina limpia los pingüinos.

Finalmente todos tiran el barco a la basura. Bip vuelve a su libro y los pingüinos vuelven a jugar sobre el blanco hielo.

Mi motivación…

En primer lugar ¡me gustan los pingüinos! Y deseo que también les gusten mucho a los niños y a las niñas. Me encantan sus movimientos tan poco diestros como graciosos fuera del agua y su gran agilidad y elegancia cuando nadan. Me gusta cómo se organizan para criar a sus pequeños, cómo se relacionan y establecen vínculos amorosos, su fortaleza frente a las inclemencias del tiempo y cómo, entre todos, cuidan de los pequeños…

Me indigna y me entristece ver a los pingüinos y otros animales marinos sucios y enfermos por la basura tirada al mar. Este cuento pretende comunicar el interés, el afecto, la empatía y el respeto por los animales y su entorno, en este caso el mar.

Dos anécdotas me vinieron a la mente mientras dibujaba este cuento. Una historia real: la de un pingüino que cada año hacía un largo viaje para reencontrarse con su cuidador que lo había salvado y limpiado. Un encuentro lleno de ternura. Por otro lado, un día llevé a mi nieto al zoo y observamos una fila de pingüinos que hacían cola para saltar. Había uno que cuando le llegaba su turno volvía a ponerse al final de la cola. Mi nieto, de dos años, lo entendió, y lo animó a saltar: -No tengas miedo ¡salta!- Finalmente saltó.

Para los niños, este cuento puede ser una manera de fomentar la empatía hacia el mundo animal. En este caso el de los pingüinos y la necesidad de preservar su hábitat.

Reconocer que los pingüinos, como otros animales, tienen memoria, viven emociones, tienen miedo y sienten alegría.

O conversar sobre elementos fantásticos, como el de un pingüino que igual que otros dibujos, vive en los libros o en las pantallas.

Pia Vilarrubias

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